Parroquia Inmaculada Concepción de Talagante
Fue erigida el 13 de octubre del 1824 por el Arzobispo Ignacio Cienfuegos. Ubicada en la plaza de armas de Talagante, desde el 09 de junio de 1893 por Decreto de Monseñor Rafael Valetín Valdivieso.
El PRESBITERIO
El Presbiterio es el lugar de los presbíteros, esta reservado a ellos y a quienes les ayudan y acompañan durante la eucaristía.
El ALTAR
Es el símbolo de Cristo como "Piedra Angular". El Altar es ara y mesa. "Ara" en cuanto al lugar del sacrificio. "Mesa del Señor" en cuanto lugar del convite eucarístico.
viernes, 15 de enero de 2016
¿Por qué la Liturgia tiene prioridad en la vida de la iglesia y del cristiano?
"La Liturgia es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza" (Concilio Vaticano II, SC).
En la vida de Jesús las personas acudían en masa ante Él, porque buscaban su cercanía salvífica. También hoy lo podemos encontrar, porque vive en su Iglesia. En dos lugares nos garantiza su presencia: en el servicio a los más pobres (Mt 25,42) y en la EUCARISTÍA. Allí nos damos realmente de bruces con Él. Si dejamos que se nos acerque, Él nos enseña, nos alimenta, nos transforma, nos sana y se hace uno con nosotros en la Santa Misa.
El mártir Saturnino, en el año 305, y en respuesta al interrogatorio al que era sometido al ser acusado de participar en la asamblea domincial, que estaba prohibida, responde:
"Sin la eucaristía dominical no podríamos vivir. ¿No sabes que el cristiano existe para la Eucariatía y la Eucaristía para el cristino?".
(Fuente: YOUCAT, Catecismo jóven de la Iglesia Catolica)
domingo, 1 de marzo de 2015
Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna ...
Este último artículo del Credo afecta directamente a quien lo recita. Ya no se trata de aceptar que Dios es creador y que su hijo se hizo hombre. La muerte y lo que viene después es un tema sumamente importante para cualquier persona. Es también un tema difícil. La creación o la fundación de la Iglesia son acontecimientos que sucedieron en el pasado, y se puede tener una noticia aproximada de lo que significan. En cambio la muerte es algo futuro para los vivientes, y los muertos no vuelven para contar cómo les fue después de morir.
En la escritura el muerto que resucita es la persona completa, no se hacen distinciones entre cuerpo y alma. Los judíos hablan de resurrección más que de inmortalidad del alma.
En el Nuevo Testamento es la resurrección lo que espera a las personas que si han llevado una buena conducta en la tierra y han recibido el bautismo, ven a Dios inmediatamente después de morir.
El fundamento de nuestra resurrección es la que ya ha acontecido Cristo, pues, si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. El que resucita es el mismo que murió, aunque experimente una transformación profunda con un cuerpo espiritualizado.
(Área Eclesial Conferencia Episcopal de Chile - eclesial@episcopado.cl)
sábado, 28 de febrero de 2015
No voy a misa porque los que van se portan mal ...
Hay quienes dejan de asistir Misa poniendo como pretexto que no lo hacen, porque ven que los que lo hacemos no cambiamos, seguimos igual o peor. Mi pregunta es:
¿Es correcto lo que dicen ellos y qué se les puede contestar?
Es sencillo darse cuenta que el argumento no tiene mucho sentido: carece de coherencia lógica. Decir que no voy a Misa porque los que van no mejoran, no quiere decir nada. Simplemente es una excusa: tratar de justificar algo que hacen mal (no ir a Misa), con defectos que otros podamos tener los que sí vamos.
Para analizar el tema razonablemente habría que ver si asistir a Misa es bueno o es malo. Si hace bien o hace mal. También habría que pensar para qué uno va a Misa y si faltar a Misa hace mejor a la persona, es muestra de amor a Dios, o es lo contrario.
Por último habría que considerar si quien va a Misa y no se porta bien; se portar mal porque va a Misa (es decir, si ir a Misa hace mala a la gente).
Pero:
1) Ir a Misa es bueno: quien tiene fe en la Eucaristía, no tiene duda de esto (quien carece de fe en la Eucaristía ni se plantea ir o no a Misa, se supone que estamos hablando con gente que cree que Jesús está en la Eucaristía). Dios se nos entrega en la Eucaristía, y eso no puede hacernos mal.
2) Afirmar que todos los que asistimos a Misa nos comportamos mal o no mejoramos es una agresión gratuita, sin fundamentación alguna. Obviamente tenemos defectos -como todos- pero lo normal es que procuremos portarnos bien, aunque no siempre nos salga. Este juicio colectivo condenatorio, negativo, generalizado, es injusto y carece de fundamento. Por otro lado, tendrían que demostrar dos cosas:
- a) que quienes vamos a Misa somos peores que los que no van.
- b) que somos peores precisamente por ir a Misa (es decir, la Misa es la causa de ser peores).
3) Puede ser que haya personas que asistan a Misa y lleven una doble vida (es decir, una vida incompatible con la vida cristiana). Pero eso no es culpa de la Misa. La solución para sus vidas no es dejar de ir a Misa, sino cambiar de vida y comportarse de modo coherente con la Misa.
4) Los defectos de los cristianos pueden dar mal ejemplo (y daremos cuenta a Dios de este mal ejemplo), pero no excusa de amar a Dios, rendirle el culto que le debo como mi Creador y Padre.
Habrá que animar a esas personas a compararse menos con los demás, a no buscar justificaciones para no ir a Misa y a descubrir la maravilla de la Eucaristía: vale la pena.
lunes, 10 de junio de 2013
Los silencios y el Recogimiento en la Eucaristía
El emérito papa Benedicto XVI dedicó unas palabras sobre el silencio que hay que guardar en ciertos momentos de la celebración de la Eucaristía para que nos sea verdaderamente provechosa. Dice así:
"El silencio forma parte de la liturgia. Al Dios que habla, le respondemos cantando y orando, pero el misterio más grande, que va más allá de cualquier palabra, nos invita también al silencio. Debe ser, naturalmente, más que una ausencia de palabras y acciones, un silencio lleno de contenido”.
De la liturgia esperamos precisamente esto, que nos ofrezca el silencio positivo en el que nos encontremos a nosotros mismos. El silencio que no es una simple pausa en la que vienen a nosotros mil pensamientos y deseos, sino ese recogimiento que nos da la paz interior, que nos permite tomar aliento, que descubre lo que es verdaderamente importante.
Por esto mismo, no se puede «hacer» silencio, sin más, disponerlo como si fuera otra acción cualquiera. No es casual el hecho de que hoy se busquen por doquier ejercicios de introspección, una espiritualidad de vaciamiento: con ello se pone de relieve una necesidad interior del hombre que, al parecer, en la forma actual de nuestra liturgia, no se ha terminado de hace respetar en sus derechos.
Para que el silencio sea fecundo no puede convertirse en una mera pausa en la liturgia. ¿Cómo lograrlo?. En los últimos tiempos se ha intentado introducir en la liturgia dos breves momentos de silencio que deben encontrar una respuesta: por una parte, se propone una breve pausa para la reflexión después de la homilía y, por otra, después de recibir la santa Comunión, como tiempo para un posible recogimiento interior.
La pausa de silencio después de la homilía ha resultado poco satisfactoria; causa una sensación de artificiosidad y, en el fondo, lo único que se espera es que el celebrante prosiga con la Misa.
Más útil e interiormente justificado es el silencio después de la Comunión: es, de hecho, el momento para un diálogo íntimo con el Señor, que se nos ha dado para entrar en el proceso de comunicación sin el cual la comunión exterior se convierte en un puro rito y se convierte en algo estéril.
Aquí nos encontramos, con frecuencia, con obstáculos que pueden comprometer este instante, precioso de por sí: la distribución de la Comunión continúa con la confusión provocada por el ir y venir, puesto que, a veces, dura demasiado en relación con el resto de la acción litúrgica; el sacerdote siente, entonces, la necesidad de continuar más rápido con la liturgia para que no se produzca un espacio vacío de espera e inquietud.
En la medida de lo posible, habría que aprovechar, sin duda alguna, este silencio tras la Comunión, y dar a los fieles unos instantes para la oración interior.
La misma estructura de la liturgia prevé otros momentos de silencio. En primer lugar, está el silencio que hay inmediatamente después de la Consagración, durante la elevación de las especies consagradas.
Este silencio nos invita a dirigir la mirada a Cristo, a mirarlo desde dentro, en una contemplación que es, a la vez, agradecimiento, adoración y petición para nuestra transformación interior.
“Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor, Jesús”. Quien participe en la Eucaristía, orando con fe, tiene que sentirse profundamente conmovido en el instante en el que el Señor desciende y transforma el pan y el vino, de tal manera que se convierten en su cuerpo y en su sangre.
Ante este acontecimiento, no cabe otra reacción posible que la de caer de rodillas y saludarlo. La consagración es el momento de la actuación de Dios en el mundo, por nosotros; levanta nuestra mirada y nuestro corazón.
Por un instante el mundo enmudece, todo guarda silencio, y en ese silencio tiene lugar el contacto con el Eterno; en lo que es un latido del corazón, salimos del tiempo para entrar en la presencia de Dios con nosotros.
(Fuente: Web Católica de Formación e Información - "Mercaba.org" (Fichero Teológico))
(Fuente: Web Católica de Formación e Información - "Mercaba.org" (Fichero Teológico))
lunes, 4 de marzo de 2013
Las gotas de agua en el vino
Con este signo el sacerdote le pide a Dios que una nuestras vidas a la suya. AI momento de preparar sobre el Altar el pan y el vino "el Diácono u otro ministro, pasa al sacerdote la panera con el pan que se va a consagrar; vierte el vino y unas gotas de agua en el cáliz.." (Misal Romano Nº 133). El instante en que se echa el agua se acompaña con una oración que se dice en secreto: "El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana.
San Cipriano, a mediados del siglo II, escribió sobre este gesto litúrgico, lo siguiente:
"en el agua se entiende el pueblo y en el vino se manifiesta la Sangre de Cristo. Y cuando en el cáliz se mezcla agua con el vino, el pueblo se junta a Cristo, y el pueblo de los creyentes se une y junta a Aquel en el cual creyó. La cual unión y conjunción del agua y del vino de tal modo se mezcla en el cáliz del Señor que aquella mezcla no puede separarse entre sí. Por lo que nada podrá separar de Cristo a la Iglesia (...) Si uno sólo ofrece vino, la Sangre de Cristo empieza a estar sin nosotros, y si el agua está sola el pueblo empieza a estar sin Cristo. Más cuando uno y otro se mezclan y se unen entre sí con la unión que los fusiona, entonces se lleva a cabo el sacramento espiritual y celestial" (Carta Nº 63, 13).
(Extractos del Libro " Gestos y Símbolos" del P. José Aldazabal.)
lunes, 14 de enero de 2013
El ABeCedario del Año de la Fe
Don Javier Leoz, delegado de Religiosidad Popular de la Archidiócesis de Pamplona, España, ha elaborado un abecedario de recomendaciones para vivir un 2013 centrado en el Año de la Fe. "Adquirir conciencia de la fe, beber de la palabra, confesar los contenidos de nuestra fe, dar valor a la caridad o estimular los grupos existentes en la parroquia", son algunos ejemplos.
Tal vez comenzar por leerlos tranquilamente y luego a poner en práctica los que se nos hagan más fáciles. En fin ... ¿tenemos casi todo este año verdad?.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Recibir la comunión: ¿en la boca o en la mano?
Según la normativa actual, es tan válido recibir la comunión en la boca como en la mano; los dos modos de recibir el Cuerpo del Señor tienen sentido, y los dos pueden expresar igualmente nuestra comprensión y respeto al misterio eucarístico.
Sin embargo, es bueno tener presente algunos criterios que nos pueden ayudar a discernir a cada uno la mejor manera de recibir la Comunión:
- Los cristianos de los primeros siglos no conocieron la recepción en la boca, sino que mantuvieron con naturalidad la costumbre de recibir el pan eucarístico en la mano. Hasta el siglo IX, los fieles recibían la comunión en la mano. Existen muchos documentos que lo confirman y uno de los más importantes pertenece a San Cirilo de Jerusalén, que en el siglo IV señala lo siguiente: "Cuando te acerques a recibir el Cuerpo del Señor, no avances con las manos tensas ni con los dedos separados, sino haz de tu mano izquierda un trono para tu mano derecha, ya que ésta debe recibir al Rey y, en el hueco de tu mano, recibes el Cuerpo de Cristo, contestando: Amén".
- Poco a poco la costumbre fue cambiando. Los motivos no son fáciles de explicar porque recibir la comunión en la boca no se hizo por decreto ni fue igual en todas partes. Abusos, sacrilegios y profanaciones por parte de los herejes fueron limitando a los fieles la recepción en la mano.
- También en este período prevaleció más en la Eucaristía el aspecto de veneración y adoración por sobre el celebrativo. Esto hacía que muchos vieran como una falta de respeto recibir en las manos la Comunión.
Después de la Reforma Litúrgica del Concilio Vaticano II, varios episcopados del mundo expresaron su deseo de establecer la costumbre de dar a los fieles la Comunión en la mano. En nuestro país, se hizo realidad a partir del año 1973. Los Obispos encabezados por Monseñor Raúl silva Henríquez, hicieron pública la autorización de recibir la Comunión en la mano.
Es bueno insistir que el modo de comulgar no es un imposición. Cada fiel tiene la posibilidad de recibir la Comunión en la mano o en la boca, ojalá, sin perder de vista lo más natural, simbólico, bello y significativo. Lo importante es que se logre captar el significado profundo del gesto y se pueda manifestar más expresivamente la Fe y respeto hacia la Eucaristía.
(Fuente: "Liturgia y Celebración", Eduardo Cáceres Contreras)


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Apuntes de Liturgia




